31 marzo 2017

Que hacer si te estás quedando calvo

Es difícil observar la imagen sin hacer una mueca de repugnancia. Un pequeño ratón completamente rosado sin rastro de su pelaje aparece retratado en una revista científica. En su espalda, una pequeña mancha negra se eleva. Es un conjunto de pelos puntiagudos que crecen desafiantes en el páramo que supone el resto de piel desnuda. Sin embargo, tras la impactante fotografía se esconde un hallazgo que podría conducir a los varones a vencer algún día a un enemigo que le ha perseguido desde tiempos inmemoriales: la alopecia androgénica, más conocida como calvicie.

Detrás de este descubrimiento está el japonés Takashi Tsuji, de la Universidad de Ciencia de Tokio, que publicó este mismo año en Nature Communications un trabajo de los que se denominan "prueba de concepto", es decir, que demuestran que una idea es viable, aunque aún no se pueda definir como una realidad. Tsuji y sus colaboradores consiguieron crear en el laboratorio a partir de células madre adultas, folículos pilosos de los que, una vez trasplantados en ratones calvos, creció pelo. "Se ha conseguido mediante células madre fabricar pelos maduros por bioingeniería, luego trasplantarlos y que crezcan con normalidad integrándose con otros receptores sensitivos de la piel", subraya el responsable de la Unidad de Dermatología del Hospital Quirón de Valencia, José Ricart. "Ya se ha logrado en ratones, así que ya sabemos quiénes seremos las próximas cobayas", vaticina el especialista.

Entusiasta con este pronóstico que define "como la solución que puede acabar con la alopecia", el médico resalta: "Consiguen crear pelos con células madre adultas y luego son capaces de trasplantarlos de la misma manera que hoy hacemos los injertos capilares. El resultado es idéntico al pelo natural: tiene músculo erector, las mismas fases de vida...". Si Ricart está en lo cierto y el trabajo de los científicos japoneses llega pronto a los humanos, podría hacerse realidad lo que hasta ahora era imposible: que creciera pelo allí donde la calvicie lo hubiera eliminado. Sería el avance más significativo frente a la ausencia de pelo desde 1997, y superaría notablemente al que hasta ahora era su mejor predecesor: un fármaco con el que muchos hombres están familiarizados y cuyo nombre comercial es Propecia.

MAL DE MUCHOS. Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2011 vivían en España 23.283.187 varones. La literatura médica es implacable: el 50% de ellos presenta o presentará algún grado de calvicie a los 50 años; y por cada década que aumenta la edad, el porcentaje sube 10 puntos. Nos encontramos por tanto ante un problema que afecta a muchas personas y no hay que ser un genio de los negocios para aventurar que aquel que dé con la cura de la alopecia se hará multimillonario. Si no, que pregunten al laboratorio farmacéutico Merck, Sharp & Dohme (MSD).

En 1992, el organismo que regula los medicamentos en Estados Unidos, la FDA, aprobó uno cuyo principio activo, la finasterida, inhibía la enzima 5 alfa reductasa y estaba indicado para tratar una enfermedad común en hombres maduros, la hiperplasia benigna de próstata, que, sin control, podía llegar a provocar problemas urinarios. Como ocurre con cada nuevo lanzamiento, el laboratorio fabricante esperaba con preocupación la aparición de cualquier efecto secundario que hubiera podido pasar inadvertido en los ensayos clínicos previos a la comercialización. Pero los hombres que tomaban Proscar, el nombre comercial del medicamento, no solo no se quejaban a sus médicos cuando acudían a contarles cómo les estaba yendo el nuevo fármaco, sino que se mostraban la mar de felices. Gracias a él, algo muy querido había vuelto a sus vidas cuando menos se lo esperaban: el cabello.

Sin haberlo planeado ni en sus mejores sueños, los laboratorios MSD dieron con el primer fármaco realmente eficaz para calmar la pesadilla de alrededor de un 50% de los varones. En 1997, cuando terminaron los ensayos clínicos de la nueva indicación del producto contra la alopecia androgénica, se produjo el lanzamiento internacional. Fue un bombazo tan solo superado años después por la llegada de la todopoderosa viagra.

AÑOS DE INVESTIGACIÓN. Ahora bien, el milagro tenía truco: "Es un fármaco muy efectivo, sí, pero su respuesta terapéutica es conseguir frenar y estabilizar la caída del cabello y, en algunas zonas, aumentar su densidad o dar volumen. Es decir, puede parecer que ha aparecido más cabello, pero no es así. Eso no lo consigue ningún tratamiento disponible en el mercado actual. No existe un crecepelo", afirma con contundencia el doctor Sergio Vañó, dermatólogo del madrileño Hospital Ramón y Cajal y en la clínica Grupo de Dermatología Pedro Jaén de Madrid. El experto explica, además, que la finasterida (el principio activo) solo es útil para personas que aún no han perdido demasiado cabello. "Funciona para los niveles de 1 a 4 de la escala de Hamilton", comenta, haciendo referencia a la única forma establecida para medir el grado de alopecia, dividida en siete niveles. El tipo 1 consiste en un retroceso del pelo inapreciable o escaso por la parte frontal, mientras que en el estadio 4 solo queda una porción estrecha del pelo original, que se extiende sobre las orejas y se junta en la nuca. El actor Jude Law, por ejemplo, padece alopecia androgénica tipo 3 mientras que su colega Bruce Willis, la sufre en grado 4.

A pesar de la elevada eficacia y del éxito de la finasterida, Propecia dista mucho de ser una loción mágica, el famoso crecepelos que se busca desde la antigüedad y que cada curandero de la Historia ha afirmado haber obtenido. La clave está, precisamente, en la propia definición. La finasterida, en las pequeñas dosis incluidas en el fármaco, no hace crecer el cabello sino que retrasa su caída.

El caso es que más de 15 años después de su descubrimiento, la ciencia sigue sin haber encontrado la fórmula mágica para recuperar el cabello, pero existen indicios que permiten afirmar que el fin de la traumática (para muchos) alopecia puede llegar en pocos años. Desde luego, dinero y esfuerzos no se escatiman para lograrlo, como ya manifestó en 2008 el fundador de Microsoft y filántropo Bill Gates (afectado, por cierto, por un cierto grado de alopecia) en una de esas charlas que inevitablemente ocupan las portadas de los periódicos: el empresario afirmó que en el mundo se gastaba mucho más dinero intentando encontrar una cura para la calvicie que desarrollando fármacos para la malaria. "Claro, la calvicie es algo terrible que además afecta a hombres ricos", ironizó.

En junio se celebró en Barcelona el congreso anual de la Sociedad Europea de Investigación en el Cabello. De nuevo, las células madre protagonizaban una de las sesiones principales de la reunión. En este caso, eran provenientes de un cabello especial: el que crece en la zona trasera de la cabeza, una parte privilegiada a la que no afecta la alopecia androgénica, de la que nunca se desprende el pelo. En los experimentos realizados en el laboratorio, dichas células se habían multiplicado en zonas donde el cabello había desaparecido. "Las células madre dieron lugar a pelos con memoria genética que recuerdan que nacieron en el cogote", explica Grimalt, quien subraya que, sin embargo, quedan todavía muchos obstáculos por superar para que este tratamiento, que sí cura la calvicie, llegue a las consultas de los dermatólogos.

"Hay muchas dudas. Uno de los factores que más nos asustan es que para poder hacer crecer esas células en el laboratorio, hay que alimentarlas. Las sustancias que se utilizan para ello promocionan la multiplicación descontrolada, por lo que podríamos estar induciendo potenciales cánceres de pelo", puntualiza este experto que añade que, además, el procedimiento se enfrenta a importantes problemas técnicos que habría que solventar, como fabricar la sustancia que se va a inyectar en una densidad adecuada de forma que no sea ni demasiado líquida -con una concentración insuficiente de células madre-, ni excesivamente sólida, de forma que no pueda atravesar la cánula a través de la que se inserta en el cuello cabelludo.

De momento, solo se tiene constancia del ensayo clínico (en fase I, la más inicial de la investigación clínica) presentado en Barcelona y realizado en agosto de 2011 en la exrepública soviética de Georgia en 9 mujeres y 10 varones. Según las conclusiones de este estudio, en más del 60% de los participantes aumentó la densidad del cabello. Además, el tratamiento demostró ser seguro, lo que animó a los autores a anunciar que, a finales de este año llevarán a cabo un ensayo en fase II. Lo harán también en Europa, aunque aún no se sabe en qué países ni si participarían centros españoles. Si así fuera, nadie duda de que a los médicos no les costaría encontrar voluntarios que se prestaran a hacer de conejillos de indias de la nueva técnica.

Detrás de la idea que puede revolucionar el tratamiento de la calvicie está el doctor Kevin McElwee, un dermatólogo del Instituto de Investigación Vancouver Coastal Health de Canadá. Una vez demostrado en ratones que su hipótesis podría ser correcta, McElwee se apresuró a crear una empresa, RepliceLife, una especie de gallina de los huevos de oro que podría llegar a convertirle en millonario, con la que espera comercializar el producto. "Se calcula que el valor económico del mercado mundial para la restauración quirúrgica del cabello es de 1.200 millones de dólares al año", puede leerse en el folleto de presentación de la empresa.

LOS ÚLTIMOS AVANCES. Ahora bien, ni el el fin de la calvicie ni, por ende, el enriquecimiento de McElwee se darán en un futuro muy cercano. En opinión del doctor Vañó, el campo de las células madre va lento y no es fácil, aunque es prometedor. "Aún está en una fase muy experimental, yo diría que tendrán que pasar unos 10 años para que lo veamos", calcula. Así que, entre el futurismo que supone el uso de las células madre y la trillada finasterida, en el campo de la tricología (la ciencia que estudia el cabello) se siguen investigando alternativas, mal que le pese a Bill Gates.

El doctor Grimalt, por ejemplo, comenta que su equipo está llevando a cabo varios trabajos con una versión distinta de la familia de fármacos a la que pertenece la finasterida. Se trata de aplicar inhibidores de la enzima 5 alfa reductasa de forma tópica, en loción. "El problema hasta ahora ha sido de absorción", apunta el experto. Porque la finasterida (y otros fármacos similares) tendría más eficacia si la dosis que se aplicara fuera mayor, pero sus efectos sobre la masculinidad impiden prescribir una dosis mayor. Esto acabaría si se lograra una versión tópica como la que buscan en el laboratorio de Grimalt.

Otra importante línea de investigación la protagoniza el equipo del doctor Ricart, que en el último Congreso de la Academia Española de Dermatología ganó el Premio al Mejor Estudio con un trabajo sobre la llamada mesoterapia con factores del crecimiento de plaquetar. La técnica consiste en inyectar plaquetas extraídas previamente de la sangre de los pacientes en el cuero cabelludo de los mismos. Según el estudio presentado en el congreso, la técnica se aplicó a 62 pacientes de alopecia androgenética. "Descubrimos que este tratamiento recupera el pelo que está muriéndose", afirma el principal autor del estudio.

Tanto él como el resto de expertos hacen hincapié en la necesidad de aplicar solo tratamientos demostrados científicamente. Porque al igual que el famoso crecepelo que se vendía en las ferias ambulantes desde la antigüedad, hoy en día proliferan supuestos expertos que prometen la regeneración capilar a los más desesperados.

OJO CON LOS MILAGROS. "Las técnicas de recuperación del pelo se tienen que medir de forma objetivable", recalca el doctor Grimalt. Todo el mundo ha visto esos anuncios que, en prensa o Internet, emplazan dos fotografías, una al lado de otro. En la de la izquierda invariablemente, un varón casi completamente calvo (y normalmente cariacontecido) se antepone a la imagen situada a la derecha, él mismo con más pelo que los antecesores del homo sapiens. "Para saber si se ha recuperado pelo, hay que realizar un fototricograma, que consiste en afeitar una ventana de cuero cabelludo, hacer una foto con el ordenador y que sea la máquina la que cuente después cuántos pelos nuevos han crecido", explica Grimalt. Precisamente para intentar educar a sus pacientes en lo que a tratamientos fraudulentos se refiere, Ricart está preparando el libro Doctor ¿voy a quedarme calvo?, un compendio de las opciones terapéuticas actuales contra la alopecia. "Internet está plagado de mentiras y propaganda sin rigor científico", destaca el especialista.

Ahora bien, a pesar de que se habla de la alopecia androgénica como un problema sin solución, el hecho es que existe una. Lo saben famosos como el político José Bono o el presentador de televisión Hilario Pino. Hablamos de los implantes capilares, una alternativa eficaz pero costosa, no solo económicamente (supera los 6.000 euros de media) sino en cuanto a tiempo empleado, además de requerir una ligera sedación. "Solo en retirar el pelo que se va a implantar en otras zonas se tarda alrededor de cinco horas", comenta Vañó que, no obstante, afirma: "El tratamiento quirúrgico da muy buenos resultados estéticos y la técnica ha mejorado mucho. Yo como médico lo recomiendo, a los pacientes les ayuda a sentirse mejor".

El implante de cabello es mucho más antiguo de lo que pueda parecer y, tal y como explica el doctor Ricart, empezaron a hacerlo científicos japoneses en 1930. Consiste en extraer unidades foliculares (cada una con entre uno y cinco pelos) de la nuca e insertarlas en la zona donde no hay pelo. En ocasiones es recomendable hacer más de una operación a lo largo de los años y, como explica el especialista, se ha de negociar entre médico y paciente el aspecto que se busca. "No se les puede poner la forma de pelo de cuando iban a la guardería, porque el resultado es poco natural. Debemos tener en cuenta, además, que ese pelo nunca se caerá", comenta el experto, que también ha implantado pelos de las piernas en el cuero cabelludo. Otra alternativa empleada en la actualidad hasta que llegue, por fin, la solución definitiva contra la calvicie. 

"Cuando empecé a perder pelo a los 17 años, no estaba preparado, fue angustioso y terrible". La autoestima de quien fuera presidente de Cantabria se vio gravemente perjudicada por la calvicie, y decidió hacerse un transplante que le sirvió durante 30 años, pero del que ya no queda rastro. "Ahora me acepto como soy, pero sigo mirando con añoranza las fotos de cuando tenía cabello, incluso mi mujer me pinta pelo en las que salgo calvo, ja, ja, ja". Su esperanza de que se descubra una solución a la alopecia es tan intensa que aventura que "sería el bombazo del siglo. El laboratorio que lo consiga hará más negocio que Zara".

Es de los que opinan que la seducción está en la mirada, la sonrisa o la palabra y afirma que ser calvo no le ha perjudicado. Al contrario, asegura, es parte de su personalidad: "Pienso en la alopecia como si yo fuera un donante de pelo. Intento no ver la parte negativa del problema". Aun así, no niega que sigue fantaseando con el producto milagroso que le devuelva su melena, aunque afirme que "la calva me queda bien porque tengo una cabeza proporcionada y, además, ahorro en peluquería, que no está nada mal".

Se lo toma con humor y presume de su calvicie: "Con ella estoy atractivo e irresistible. Nunca he tenido un trauma por no tener pelo; es más, pienso que la alopecia en una cabeza bonita es pura seducción". De joven, le decían que "tenía más entradas que el Bernabéu", hasta que un día decidió acabar con la guasa y raparse: "Es la única solución que he usado para combatir la falta de pelo. Paso de productos que no sirven para nada".

Lo tiene claro: "Me veo estupendo calvo, sobre todo porque por las mañanas no pierdo el tiempo en peinarme". Achaca su alopecia a la edad y se lo toma con humor: "Ahora me toca la redondez, no se puede luchar contra los años, ni contra sus consecuencias".

Los postizos fueron uno de los recursos que utilizó para solucionar la alopecia, pero pronto se dio cuenta de que la naturalidad es el mejor remedio. "Se seduce con la palabra, no con el pelo, no existe solución para su caída al igual que no hay ningún producto que elimine la celulitis. Para no andar con medios pelos, decidí afeitarme y ahora lo hago todas las mañanas, recordando al mítico Yul Brynner".

"Con 18 años me llamaban el rey de la gomina Patrico, marca líder en ese momento". De hecho, al excesivo uso de este producto achaca su calvicie. Hace años visitó a un dermatólogo que le recomendó un producto: "Tenía que mezclar unos líquidos y aplicármelos con una jeringuilla. Era incómodo y no me resultó beneficioso". Desde entonces no cree en los crecepelos, pero asegura que algunos compañeros de trabajo han utilizado unos polvos mágicos que les ha incrementado su volumen: "Parece que tienen más pelo, pero los efectos secundarios quizá los dejen sin cabeza, ja, ja, ja".

"Yo iba cada tres semanas a la peluquería, raparme era un derroche y ni siquiera me quedaba todo lo corto que me gustaba, así que ¡para qué esperar más! Me lo quité todo". Además, se atreve a afirmar que los calvos están de moda y que "hay mujeres que los buscan así de fábrica. Como mi mujer, que fue la que me animó a que me lo cortara al cero. Ella tiene predilección por los calvos".

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